La Convención de los Derechos del Niño, o de los derechos de la infancia, fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Este jueves, 20 de noviembre de 2014, cumple 25 años. Lo que hoy asumimos como un tratado necesario tuvo un largo y costoso viaje antes de nacer. Desde aquí nuestro homenaje a cada una de las personas que lucharon para que el texto saliera adelante.

Su origen fue la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño de 1924, redactada por Eglantyne Jebb, una de las fundadoras de la Alianza Internacional Save the Children. Esta propuesta fue aprobada en la Sociedad de las Naciones, antesala a la Organización de las Naciones Unidas, el 26 de diciembre de 1924.

En 1948 la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos que incluía también los derechos de la infancia, pero posteriormente decidió que las necesidades de niños y niñas requerían una especial protección. En 1959 se aprueba la Declaración de los Derechos del Niño que incorpora 10 artículos.

30 años más tarde, en 1989, la Asamblea General adopta la Convención de los Derechos de la Infancia tal y como la conocemos hoy, con sus 54 artículos. España la ratificó el 6 de diciembre de 1990.

Con su adopción, los Estados Partes se comprometen a presentar al Comité de los Derechos del Niño informes sobre las medidas que adoptan para dar efecto a los derechos reconocidos en la Convención. España escribió el último informe en 2008.

Al proporcionarle un rango de Convención (en lugar de Declaración), la comunidad internacional obliga a los estados a garantizar su cumplimiento una vez ratificado. Ratificar quiere decir que se firma como un contrato, que el Estado Parte se compromete a cumplir.

Asimismo, la Convención se complementó con los siguientes Protocolos Facultativos:

Hay que destacar que es el tratado internacional más ampliamente ratificado. Sólo Estados Unidos, Somalia y Sudán del Sur no la han ratificado.

Si Eglantyne Jebb y el resto de personas precursoras de la Convención estuvieran presentes, celebrarían los avances pero también alzarían la voz frente a las vulneraciones que se cometen cada día y reclamarían el cumplimiento efectivo de los derechos de la infancia recogidos por ley.