¿Y ahora qué?

Las personas refugiadas y desplazadas forzosas nos hemos enfrentado a muchas dificultades hasta llegar aquí. La decisión de huir es difícil y nos enfrenta a numerosos miedos, el cruce de las fronteras es un momento peligrosísimo para nosotras y nuestras familias, y  el tránsito por rutas inseguras nos hace sufrir violencia y discriminación, a veces durante muchos años.

Pero la llegada a un país seguro nunca es el final del camino. Es el principio de otra ruta, igual de difícil. Aunque nos encontremos a personas e instituciones acogedoras y hospitalarias, donde hacer efectivos nuestros derechos y que son punto de partida para reconstruir nuestras vidas, nos seguimos enfrentando igualmente a miedos e incertidumbres.

Tenemos miedo a que no se resuelva nuestra solicitud de asilo o a que se resuelva desfavorablemente. Tenemos miedo a que nos retornen a nuestros países. Pero la idea de no poder retornar nunca más, de perder el contacto con nuestras familias, con nuestros lugares, con nuestros seres queridos es también insoportable.

Siempre queda una frontera que cruzar, durante el camino son fronteras físicas, territoriales, peligrosas. Ahora nos queda cruzar la frontera de la inclusión, la del pleno disfrute de los derechos, la de aprender el idioma, reconstruir las amistades y un tejido social y afectivo que nos acompañe, la de hacer una formación o buscar un trabajo, o la de reagrupar a nuestras familias.

Desde la Fundación La Merced Migraciones queremos comprometernos con las personas refugiadas y en movimiento y denunciar las políticas que generan tanto sufrimiento:

  • Denunciar las políticas de cierre de fronteras que han convertido nuestra frontera sur en la ruta de migración con mas personas muertas en el año 2018. Exigimos el cumplimiento de los Derechos Humanos en nuestra Fronteras Sur.
  • Denunciar las políticas comerciales injustas, muy en especial la del comercio de armas, que convierten al estado español en suministrador de armas para conflictos bélicos como el del Yemen.
  • Denunciar la falta de inversión en políticas de acogida que imponen a las personas la obligación de terminar su proceso de inclusión en tan solo 18 meses, a pesar de que es imposible, aumentando su sufrimiento y provocando su exclusión social.
  • Denunciar el mal trato que reciben los niños que migran solos, la falta de plazas de acogida en los centros de menores y la dureza de los procesos de determinación de la edad que niega la infancia a muchos niños y niñas refugiados.

Celebrar el día Mundial de las Personas Refugiadas  es también combatir activamente los discursos de odio y xenófobos que tienen presencia en Europa y España y que obstaculiza la convivencia intercultural y alimentan los estereotipos y la violencia hacia las personas migrantes.

Celebrar el día Mundial de las Personas Refugiadas  es sobre todo celebrar la vida de todas las personas en movimiento,  reivindicar un futuro digno y en paz para todas, donde sobrevivir no sea una heroicidad,  la hospitalidad no sea un crimen, y la paz sea un derecho.