Elche | La esperanzadora historia de Jaime: un camino hacia la inserción sociolaboral

Alejandro Ruiz Alonso, técnico Reincorpora de la Fundación La Merced Migraciones

La de Jaime es una historia de esperanza y su mirada hacia la vida está hoy llena de retos y de ilusión.

Jaime ha pasado de ser una persona privada de libertad a conseguir la tan deseada inserción social y laboral. Como Jaime, muchas personas emprenden el camino hacia la inserción con el apoyo incondicional de la entidad Incorpora Fundación La Merced Migraciones Elche.

La primera vez que Jaime vino a nuestras oficinas de Fundación La Merced Migraciones Elche lo hizo con semblante serio e introvertido. Estaba cansado de dar tumbos sin encontrar el camino que le ayudase y, de ahí, el pesimismo de su mirada. Afortunadamente, contaba con el apoyo de Lidia, su pareja, que le acompañó en la visita y que era optimismo puro, a pesar de estar pasando también por circunstancias muy difíciles. Ella ya nos conocía porque hace tiempo también había pasado por el programa Reincorpora y había hecho un curso de nuestro Punto de Formación Incorpora. Su experiencia fue muy positiva y, por eso, no dudó ni un momento en seguir animando a Jaime para que entrara en el programa.

Desde el Centro de Inserción Social (CIS) de Alicante Miguel Hernández habían propuesto a Jaime para participar en el programa Reincorpora y, aunque se había prestado a recibir más información, vino sin ninguna esperanza de que le pudiéramos ayudar. Anteriormente, había acudido a muchos sitios y hablado con muchos profesionales que no habían podido resolver su situación. Además, estaba apuntado a varios portales de empleo que le enviaban montones de ofertas, pero casi ninguna se adecuaba a su perfil y, de las pocas que sí lo hacían, ni siquiera recibía respuesta.

Jaime había entrado en prisión con tan solo 20 años, aunque antes ya había pasado por varios centros de menores. La tentación del dinero fácil, junto con la sensación de invencibilidad de la juventud y la falta de prever las consecuencias, le condujeron a entrar por primera vez en un centro penitenciario. Aunque esa primera estancia no fue demasiado larga, fue suficiente para que aprendiera de la experiencia ajena a ser un delincuente más efectivo y, así, fue cometiendo delitos hasta que las causas acumuladas le mantuvieron 29 años seguidos dentro de prisión.

Un itinerario sociolaboral personalizado, el primer paso en el programa Reincorpora

Tras serle concedido el tercer grado, Jaime pudo acceder, finalmente, al CIS (Centro de Inserción Social) para cumplir en régimen abierto la parte final de su condena. Llevaba poco menos de un año en régimen de semilibertad cuando acudió a nuestra oficina de la fundación. Evidentemente, tantos años de prisión deambulando por distintos centros penitenciarios del país habían dejado una profunda cicatriz en su interior, de modo que la adaptación al medio le estaba pasando factura.

Ante tal perspectiva, pensamos que lo que más le podría ayudar en sus circunstancias era un curso en uno de los Puntos de Formación Incorpora. De este modo, podría retomar habilidades sociales con sus compañeros y, además, estar bajo el seguimiento de la coach de nuestra entidad, lo cual, junto con las prácticas en empresa en un entorno controlado, se perfilaban como el mejor modo de intervención en su caso. Sin embargo, chocamos con la urgencia de Jaime por trabajar y la desconfianza en la formación, pues anteriormente había hecho varios cursos dentro de prisión que, de momento, no le habían facilitado el acceso al mercado laboral. Así que, ante esa negativa, y adaptándonos a sus preferencias, iniciamos un itinerario personalizado de inserción sociolaboral más enfocado en buscar la empleabilidad lo antes posible.

Orientación social y laboral, una carrera de fondo para alcanzar la meta

Hay que decir que, pese a la desconfianza inicial de Jaime, siempre fue muy cumplidor con las tareas encomendadas. Sin embargo, hubo una que le costaba especialmente, y fue la primera que le asignamos: sonreír más. “Es difícil que confíen en ti en una entrevista de trabajo si vas con esa cara tan seria, como enfadado”, le dijimos. “Es que no tengo motivos para sonreír”, respondió él. Nuestra respuesta fue clara e hizo reflexionar a Jaime: “Sí los tienes, mira a Lidia, te ayuda y te apoya siempre, ¿ella no se merece que le sonrías?”. Bajando la mirada respondió: “Sí, ella se lo merece todo”. Por primera vez la coraza carcelaria empezaba a flaquear.

A partir de ahí no dejamos de trabajar en su itinerario: sesiones en la oficina, seguimientos telefónicos, trabajo de herramientas prelaborales, mejorar competencias tecnológicas, búsqueda activa de empleo, derivaciones a ofertas... La confianza de Jaime en nosotros creció, pero el desencanto por no conseguir empleo a corto plazo hacía que la visión pesimista no le abandonara.

En un momento dado decidimos cambiar la estrategia y, puesto que en algún momento había comentado su interés en crear una pequeña empresa de limpieza en la que trabajaran él y su pareja, le derivamos al Punto de Autoempleo Incorpora que gestiona Fundació Nova Feina Alicante. El trabajo realizado allí pareció devolverle cierta esperanza, y empezó a realizar los trámites que le dijeron. Además, contaba con la inversión inicial, pues, como había trabajado en prisión, podía pedir la capitalización de la prestación por desempleo y ponerse en marcha cuanto antes. Sin embargo, para eso debía esperar a que le concedieran la libertad condicional, así que tocaba esperar a la próxima revisión de grado.

La oportunidad laboral de Jaime en tiempos de COVID-19

Mientras estábamos inmersos valorando las diferentes opciones de Jaime, llegó el estado de alarma y la alternativa del autoempleo quedó pospuesta indefinidamente. Así, y en medio de la crisis provocada por la COVID-19, seguimos con la búsqueda activa de empleo, con perspectiva desalentadora, pero sin perder la esperanza.

Un día llegó una oferta compartida por una entidad del grupo, igual que habían llegado otras antes. En este caso era para un puesto de peón de triaje en la empresa Reciclajes y Compostajes Piedra Negra, y derivamos a Jaime como también habíamos hecho otras veces. Pese a que había mucho en su contra (era lejos de donde él vivía, los horarios eran nocturnos y rotativos, y las condiciones de trabajo eran duras), todo se le hacía pequeño a Jaime ante la posibilidad de, por fin, tener un empleo.

A los pocos días, le llamaron para una entrevista presencial. Preparamos la entrevista con él como ya habíamos hecho otras veces y le ayudamos a vencer sus inseguridades. Como estaba con control telemático, avisamos al CIS y, como siempre, lo gestionaron todo.

Finalmente, llamaron a Jaime para que se incorporara a la plantilla. ¡Qué alegría! Ahora el reto para él era adaptarse al nuevo puesto, a los horarios nocturnos, a los desplazamientos largos hasta el lugar de trabajo. Reactivamos la ayuda al itinerario del programa Reincorpora que recibía Jaime, ya que se había congelado cuando se decretó el estado de alarma. Esta ayuda ha sido fundamental para poder afrontar el gasto de desplazamiento durante el primer mes —hasta que cobró su primer sueldo—, ya que de otro modo habría sido muy difícil aceptar el puesto.

Ver oportunidades donde otros ven dificultades

Jaime está feliz, feliz como no lo había estado en años. Está agradecido (y nosotros con él) a esa empresa que supo ver en él sus posibilidades, y dejó de ver, por un momento, sus dificultades. Además, podemos decir que hay bastantes probabilidades de que le ofrezcan un contrato indefinido si lleva bien este primer contrato temporal. Por suerte, no es una empresa que opte por la rotación de trabajadores, sino que aboga por una plantilla fija que funcione. Esta perspectiva aporta a Jaime la ilusión por la estabilidad y que, por tanto, pueda soñar con proyectos de futuro.

El autoempleo sigue siendo el plan B para Jaime. Sin embargo, y tras ver que su cuerpo se adaptaba sin problema a los horarios, al trabajo y a sentirse acogido por los compañeros, confiesa: “Voy a hacer todo lo posible para jubilarme aquí”. Además, tiene la intención de alquilar una casa a la que poder llamar propia, y formar un hogar junto a su pareja, ya que de momento está acogido en casa de su madre.

Mucho más que un empleo

Desde Fundación La Merced Migraciones Elche hemos querido compartir esta historia porque para nosotros queda claro que un empleo es mucho más que simplemente un sueldo para pagar facturas y comprar comida. Un empleo es autoestima, sentirse útil y valorado, es una reconciliación con la sociedad que permite una reincorporación real. Nunca dijimos a Jaime que fuera fácil, pero siempre le transmitimos que era posible. Queda mucho por andar, pero al menos su mirada ya no se dirige a sus manos vacías sino a un horizonte lleno de posibilidades.

Jaime sigue a la espera de obtener la libertad definitiva, para la que aún quedan bastantes meses. Sin embargo, creemos que ya está saboreando la libertad, algo que no es simplemente estar en la calle, sino tener la opción y la capacidad de decidir y, sobre todo, de construir algo, posibilidades que le ha aportado su nuevo trabajo.

Gracias, Jaime, por todo lo compartido, nos ha hecho crecer y aprender de ti. Seguiremos estando para apoyarte siempre que nos necesites. Simplemente recuerda sonreír porque te lo mereces.